18.11.04
Un pasajero y su librito de anotaciones
El tren estaba lleno de gente, que con cierta graciosa resignación y una pizca de sin razón, se iban agolpado en los vagones. Imágenes de tristes vaquitas subiendo a los expresos del matadero, me vienen a la cabeza. La gente se va sumando, añadiendo peso específico corporal para la picadora de carne que esta en la locomotora. Subo al tren (que pensaban que era un revolucionario caminante?), ya que no había sentido esperar al próximo , que, la muchedumbre me había contagiado su fervor hogareño luego de un día muy aburrido en el trabajo. El cual se esta estancando en el valle de promesas factibles, que admito están cercanas pero mi ya, ganadora de premios de la Academia, ansiedad no permite que la dulce espera fuera dulce no que fuera adquiriendo un sabor a nada que me rompía las pelotas, si me permiten el exabrupto.
Pero mas allá de viajar rodeado de Humanidades, raza que detesto, el vaivén del tren hace que mi escritura sea entretenida, tratando de hacerla legible cuando ya de por si (sin movimiento) es una letra mas cercana al garabato que a algo que ha llevado 5.000 años para su perfeccionamiento. Pero, y siempre hay un pero, tengo ganas de sentir que puedo escribir, que mi ya cansado cerebro aun puedo hilar frases que sean de interés para un numero no determinado de personajes elegidos al azar por la ruleta de mis impulsos (o pulsion como diría mi madre).
El tren es un museo del hombre en si mismo. Hay varios tipos o formatos que se balancean ridículamente al igual que yo. Paso a detallar:
1) Embarazada: Mujer obviamente, no un filipino indocumentado. Parece de cerca de 14 meses de embarazo. Redonda, magnifica. Mujer bastante hermosa antes de que la maternidad la convirtiera en una belleza con panza o en una panza bella con pequeñas patitas (usted puede elegir el tipo deseado).
2) Viejo con cara de militar retirado: Impecable, casi rayando lo maniaco. Tiene el molesto tic de mirar mi librito en donde estoy escribiendo sobre el. Resopla. Seguro que en las fuerzas era parte de la caballería o alguna vez fue granadero.
3) Gama de lectores: Hay un mundo en si mismo en cada uno de los que aparecen leyendo en el tren, yo soy uno de ellos) hoy no traje mi libro de ocasión, por eso escribo). Están los clásicos leyendo Tolstoi o Dostoiesky, los bohemios leyendo el Camino de Keruac, la cuerontona leyendo a Coehlo, algún joven profesional con el Codice Da Vinci (asiduo lector de Best Sellers). Estudiante de derecho con el tomo XXXIII de Derecho Económico de la pendorcha y hasta hay un joven lector de aforismos (Es la perla de los lectores, el espécimen raro). Mujer con sus cincuenta a cuestas, leyendo a Anais Nin, esperando tener alguna historia erótica al bajarse del tren. Y después, pero no siempre últimos, aquellos que leen cualquier cosa, el boleto, el diario que regalan en la estación, los grafitos en las paredes del vagón y, hasta inclusive, los paquetes de las golosinas que han recién adquirido a algún vendedor ambulante. Miran el envoltorio de la Tita como si en la composición química del chocolate pudieran encontrar la verdad absoluta.
Mientras escribía, el traicionero vaivén del tren, casi me arroja sobre el cuerpo de una joven que tengo detrás de mí, de unos 28 años aproximadamente. Su galán de turno (cara de nada con ganas) me mira con mirada de Paladín Justiciero y Defensor del Honor Femenino, a lo que pongo mi mejor sonrisa de disculpas para la joven y mi mejor cara de orto a el. Dicen que mi cara de enojado o molesto es impresionante así que solo la uso en momentos estratégicos o críticos. El paladín sostiene la mirada pero se distrae con un rayo de sol que le da en la pupila. Pierde el duelo y vuelve a su proyecto personal de lograr meterse entre las piernas de la joven. Le quedan pocas paradas y no le va muy bien que digamos.
Me logre sentar gracias a la generosidad de cierto caballero de mediana edad. Parece el dueño de una empresa pequeña, tiene cara de peleador. Me cayó bien.
Y ahora un bache literario.
Listo. Estoy llegando a la estación y le devuelvo la gentileza al hombre. A veces soy un ejemplo de urbanidad.
Antes de llegar a la puerta, para descender. Puedo escuchar como la joven le dice que no al Paladín. Las pequeñas bragas de la joven se han vuelto su santo grial. Ella me ha caído bien, ha logrado no caer en las garras del Caballero de la Erección Permanente.
Ya en el concreto de la estación, el nefasto olor a fritanga del seudo establecimiento de comidas al paso, me pega una violenta trompada en mis fosas nasales. Trastabillo y decido en un último gesto de resistencia, dejar de respirar hasta pasar por ese pantano donde taxista se llenan de colesterol y algunas cosillas más que han quedado fuera de cualquier diccionario de Biología.
Me doy cuenta que es muy difícil caminar, escribir y no respirar a tiempo, por lo que decido cerrar este pequeño brote de literatura al paso.
El tren estaba lleno de gente, que con cierta graciosa resignación y una pizca de sin razón, se iban agolpado en los vagones. Imágenes de tristes vaquitas subiendo a los expresos del matadero, me vienen a la cabeza. La gente se va sumando, añadiendo peso específico corporal para la picadora de carne que esta en la locomotora. Subo al tren (que pensaban que era un revolucionario caminante?), ya que no había sentido esperar al próximo , que, la muchedumbre me había contagiado su fervor hogareño luego de un día muy aburrido en el trabajo. El cual se esta estancando en el valle de promesas factibles, que admito están cercanas pero mi ya, ganadora de premios de la Academia, ansiedad no permite que la dulce espera fuera dulce no que fuera adquiriendo un sabor a nada que me rompía las pelotas, si me permiten el exabrupto.
Pero mas allá de viajar rodeado de Humanidades, raza que detesto, el vaivén del tren hace que mi escritura sea entretenida, tratando de hacerla legible cuando ya de por si (sin movimiento) es una letra mas cercana al garabato que a algo que ha llevado 5.000 años para su perfeccionamiento. Pero, y siempre hay un pero, tengo ganas de sentir que puedo escribir, que mi ya cansado cerebro aun puedo hilar frases que sean de interés para un numero no determinado de personajes elegidos al azar por la ruleta de mis impulsos (o pulsion como diría mi madre).
El tren es un museo del hombre en si mismo. Hay varios tipos o formatos que se balancean ridículamente al igual que yo. Paso a detallar:
1) Embarazada: Mujer obviamente, no un filipino indocumentado. Parece de cerca de 14 meses de embarazo. Redonda, magnifica. Mujer bastante hermosa antes de que la maternidad la convirtiera en una belleza con panza o en una panza bella con pequeñas patitas (usted puede elegir el tipo deseado).
2) Viejo con cara de militar retirado: Impecable, casi rayando lo maniaco. Tiene el molesto tic de mirar mi librito en donde estoy escribiendo sobre el. Resopla. Seguro que en las fuerzas era parte de la caballería o alguna vez fue granadero.
3) Gama de lectores: Hay un mundo en si mismo en cada uno de los que aparecen leyendo en el tren, yo soy uno de ellos) hoy no traje mi libro de ocasión, por eso escribo). Están los clásicos leyendo Tolstoi o Dostoiesky, los bohemios leyendo el Camino de Keruac, la cuerontona leyendo a Coehlo, algún joven profesional con el Codice Da Vinci (asiduo lector de Best Sellers). Estudiante de derecho con el tomo XXXIII de Derecho Económico de la pendorcha y hasta hay un joven lector de aforismos (Es la perla de los lectores, el espécimen raro). Mujer con sus cincuenta a cuestas, leyendo a Anais Nin, esperando tener alguna historia erótica al bajarse del tren. Y después, pero no siempre últimos, aquellos que leen cualquier cosa, el boleto, el diario que regalan en la estación, los grafitos en las paredes del vagón y, hasta inclusive, los paquetes de las golosinas que han recién adquirido a algún vendedor ambulante. Miran el envoltorio de la Tita como si en la composición química del chocolate pudieran encontrar la verdad absoluta.
Mientras escribía, el traicionero vaivén del tren, casi me arroja sobre el cuerpo de una joven que tengo detrás de mí, de unos 28 años aproximadamente. Su galán de turno (cara de nada con ganas) me mira con mirada de Paladín Justiciero y Defensor del Honor Femenino, a lo que pongo mi mejor sonrisa de disculpas para la joven y mi mejor cara de orto a el. Dicen que mi cara de enojado o molesto es impresionante así que solo la uso en momentos estratégicos o críticos. El paladín sostiene la mirada pero se distrae con un rayo de sol que le da en la pupila. Pierde el duelo y vuelve a su proyecto personal de lograr meterse entre las piernas de la joven. Le quedan pocas paradas y no le va muy bien que digamos.
Me logre sentar gracias a la generosidad de cierto caballero de mediana edad. Parece el dueño de una empresa pequeña, tiene cara de peleador. Me cayó bien.
Y ahora un bache literario.
Listo. Estoy llegando a la estación y le devuelvo la gentileza al hombre. A veces soy un ejemplo de urbanidad.
Antes de llegar a la puerta, para descender. Puedo escuchar como la joven le dice que no al Paladín. Las pequeñas bragas de la joven se han vuelto su santo grial. Ella me ha caído bien, ha logrado no caer en las garras del Caballero de la Erección Permanente.
Ya en el concreto de la estación, el nefasto olor a fritanga del seudo establecimiento de comidas al paso, me pega una violenta trompada en mis fosas nasales. Trastabillo y decido en un último gesto de resistencia, dejar de respirar hasta pasar por ese pantano donde taxista se llenan de colesterol y algunas cosillas más que han quedado fuera de cualquier diccionario de Biología.
Me doy cuenta que es muy difícil caminar, escribir y no respirar a tiempo, por lo que decido cerrar este pequeño brote de literatura al paso.
8.10.04
9 meses de Acefalis Foro
Acefalis cumple nueve meses, todo un embarzo en regla.
Rayando las 156.000 visitas (segun calculos del Indec)
Con mas de 6.000 mensajes
215 usuarios
1.500 temas.
Que significa todo esto?
Solo que hay gente que circula por el mismo camino, personas que se detienen a observar y repensar el mundo que heredaron y suponen un cambio por medio de la expresion.
Gracias a todos por estar.
www.acefalis.foro.st
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Solo que hay gente que circula por el mismo camino, personas que se detienen a observar y repensar el mundo que heredaron y suponen un cambio por medio de la expresion.
Gracias a todos por estar.
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30.9.04
Hoy soñé con Sebastián. En el sueño me relataba que el había estado preparado, que sabia bien lo que hacia. Que la soga rompió su cuello, evitándole el dolor. Sebastián era un compañero mío de colegio que tres años después recibirse, se suicido colgándose de un ventilador de techo en su casa. Al despertarme la televisión estaba prendida, ya que la uso como despertador, y un periodista estaba relatando la llamada Masacre de Carmen de Patagones desde esa pequeña ciudad. Contaba como “Júnior”, hijo de un oficial de prefectura, había disparado el arma reglamentaria de su padre en clase matando a tres compañeros y dejando heridos a cinco. Mas allá de todas las teorías que invadían mi cabeza, esta situación no pudo más que remontarme a mis ya lejanos años de bachiller en Paraguay, potenciado por el recuerdo latente del sueño con Sebastián.
Mi colegio era de esos en los que solo entraban los jóvenes que habían sido expulsados de otros colegios, sin la menor posibilidad de entrar a otra institución de parecido nivel educativo. Por lo que la mayoría eran jóvenes de familias adineradas, las que solo esperaban, casi con desesperación, que sus vástagos pudieran controlar sus desenfrenadas hormonas y terminar la secundaria.
Cuando yo entre en el Colegio de San Agustín, a mitad de año, por problemas en mis papeles y por que no pude rendir el 2° año en mi colegio anterior (debía entrar con policía, cosa que mis padres se negaron), debí volver a 2°, lo cual fue un poco traumático por el hecho de que iba a ser nuevo. Pero ya acostumbrado a estas presentaciones en sociedad (tres colegios primarios y ya iba por tercer secundario), me senté en el fondo del aula para poder identificar como eran las reglas y estratos sociales.
El líder indiscutido del curso era Sebastián, pero no era el típico bruto o carilindo que gobernaba por medio de la fuerza, sino que era una persona simpática, agradable pero con un costado de locura que lo hacia de temer. Era buen estudiante (cosa que era una descripción para casi todos los del curso), era el que hacia mas tiempo estaba en el colegio, era amigo de todas las chicas, era el cómico del curso. No era atractivo para con las mujeres (esto seria una de las causas que lo llevarían a la muerte, años mas tarde). Tuvimos buena onda desde el comienzo. El dibujaba bastante bien y escribía poesía, cosa que yo también hacia y se ve que vio en mi a un igual, alguien con quien intercambiar ideas, pareceres. Una vez, al final del secundario, me dijo que yo era el único que entendía las cosas que le pasaban y que conmigo podía hablar cosas que con los demás no. Recuerdo que eso me lleno de orgullo y aun le estoy agradeciendo su confianza.
Los secuaces directos de Sebastián eran tres.
El primero, por amistad y cercanía era Eduardo. Este era muy buen estudiante también, algo chato en sus aspiraciones. Venia de una familia numerosa de hermanos mayores, todos varones. Yo era amigo de uno de sus hermanos, para ser exacto del hermano raro. Esto me daba cierto status frente a Eduardo. El era el amigo más directo de Sebastián y de Analia que era la que comandaba a las huestes femeninas. Sabía muy bien su papel y lo ejercía a conciencia. Siempre creí que Eduardo era muy buena persona pero que las presiones de ser un macho como dictan los valores paraguayos harían mella en el. Era deportista y no usaba la fuerza bruta a menos que sea necesario pero cuando lo hacia era imparable, por lo menos para el resto de los compañeros.
Después venia Adrián. Este era un caso aparte. Era una mole de metro noventa, con físico de pera, bruto a mas no poder, mal alumno, era como un bebe caprichoso de 17 años con cuerpo de troglodita de 22. Era la fuerza bruta por excelencia, este era el músculo, era el que hacia todo lo que los demás no se atrevían. Era el primero en salir de caza a golpear inocentes, en traer explosivos al colegio y demás detalles de la vida educativa. Pero hay que rescatar algo, siempre fue leal con sus amigos y en el fondo, cuando uno se tomaba el tiempo, era muy buena persona. Siempre nos caímos bien, el no tenia mucha onda con las mujeres, por no decir nula y siempre venia a pedirme consejos y demás estrategias para levantarse a alguna desprevenida. Yo no tenia ninguna formula pero no importaba. Era el tema de conversación que nos unía.
El último de los secuaces era Gonzalo. Este era el bufón del grupo, era el que se ocupaba de usar la fuerza de Adrián para molestar a los que no podía pegarles, la influencia de Sebastián para que no lo maten y su lengua para lastimar a quien se pase por su camino. Este fue el elegido para la golpiza de mi primer recreo. Esta era una táctica que usaba desde mi primer cambio de colegio, golpear primero y ver que pasaba después. Además sabía que yo era una victima ideal. Extranjero, pelo largo, arito en la nariz y varios etc. Recuerdo que se acerco y cuando iba a abrir la boca, lo agarre de los brazos y con una toma de judo lo tire al piso y lo inmovilice. Luego de explicarle que yo no iba a ser una de sus victimas y que la próxima iba a ser peor, lo solté. Todos me miraron y desde ahí quedo claro que yo no seria parte de ellos pero que no podían molestarme a menos que quisieran llevar las cosas hasta otro nivel. Esto también sirve, en la lejanía, para ver el nivel de salvajismo que impera en las escuelas, un canibalismo social en la que los más atrevidos gana y los demás se acomodan.
Desde ese día la relación fue mejorando y quede como parte de los que dominaban el curso y el colegio ya que los años superiores no se metían para nada con nosotros.
Este tipo de estratificación dentro de los centros educativos es clara y casi común a todos los establecimientos. Están los que dominan, los dominados y los ignorados. Mi curso era raro, la mayoría éramos buenos alumnos, teníamos buena onda con la mayoría de los profesores, más allá de los típicos roces. Los años fueron pasando y cada uno comenzó a convertirse en semi adultos. Yo comencé a trabajar en los bares under de Asunción, a consumir drogas a lo pavote, cada vez mi vida me separaba mas y mas de mis compañeros mas allá de la buena relación. En el colegio tenia la peor fama, era drogadicto, vendía drogas, iba armado al colegio, y demás chismes que me iban forjando una reputación dentro de la institución bastante divertida. Además, mis compañeros parecían existir en un a burbuja irrompible donde nada los tocaba o afectaba. Hasta el último año del secundario.
Ese año fue el año de Hellmers. Este compañero era la versión humana de cualquier caricatura de un nerd que ustedes pueden llegar a imaginarse. Inteligente pero sin ninguna aptitud social, flaco, con cara de nene, el mejor alumno, las mujeres lo trataban de esclavo, los varones le pegaban cuando estaban aburridos, pocos amigos y una familia numerosa donde el era el hermano mayor tonto. A todo esto sumarle un padre golpeador que siempre le remarcaba que estaba desilusionado de el. Mientras estaba haciendo el último año de secundario también se preparaba para entrar en la facultad de Medicina, ceo que era el único de todos nosotros que ya sabia que quería ser. Hellmers había comenzado a desarrollar ciertas conductas raras en el, comenzó a molestarse que la gente se copiara de el, a no hablar con nadie, pero la verdad es q nadie le importaba mucho. Un día se le dio por pegarle a un chico de primaria, sin la menor razón. Recuerdo que tuvimos que pararlo y que se justificaba diciendo que nosotros le pagábamos igual a el, sin la menor razón. La diferencia abismal de edad entre el y el chico no parecía parecerle un atenuante. Otra vez nos mintió en los temas a estudiar en un examen y todo el curso se aplazo menos el. Eran sus pequeñas venganzas que eran castigadas con violencia por mis compañeros. Yo veía la situación con pena, veía como se estaba desmoronando pero la verdad, no era que me importara realmente.
A casi a fin del ciclo lectivo, no recuerdo bien por que pero seguro que fue totalmente injusto, encerramos a Hellmers en uno de los baños del Colegio y estuvo metido ahí por 4 horas. Cuando salio no hablaba, tomo sus cosas y se fue a su casa. A mi me suspendieron por lo que restaba del año (venia acumulando puntos) y esa vez fue la ultima vez que lo vi con vida.
Yo solo tenía que ir al Colegio a rendir un par de materias que había promocionado pero que debía rendir por problemas de conducta, por lo que recién a fin de año me preocupe por el colegio. Solo veía de vez en cuando a Sebastián que pasaba por casa a charlar o tomar algo. Pero todo parecía estar tranquilo. Mis compañeros se habían ido de viaje de egresados y mas allá de un par de parejitas que se formaron luego de años de histerias no había nada nuevo.
El primer día de exámenes, me despertó una llamada de mi novia de entonces, Fio, quien, mostrando su tacto que la caracterizaba, me dice que un compañero mío se había suicidado. Que no sabia quien era y que lo velaban en una sala cerca de mi casa. Que todo el colegio estaba yendo al velatorio, que tenia que ir para alla, que ella no iba pero que después la llamara. Me cambie y fui caminando. Mientras fumaba trate de imaginar quien habría sido y recuerdo haber pensado que era muy irónico que no haya sido yo, ya que todos ponían fichas a mi desequilibrio. Al llegar al velatorio me di cuenta al segundo de quien había sido. Hellmers había trabajado en esa sala de velatorios los últimos seis meses de su vida (era de un tío), además estaba lleno de gente de mi colegio y solo el tenia hermanos en casi todos los cursos, además de que una de las fuerzas mas aglutinantes es la culpas y todos estaban trastornados por el dolor. Entre al velatorio y la imagen me pareció hasta cómica, era una película de Fellini versión guarani.
El cajón reposaba cerrado en una de las salas. En uno de sus costados estaba la familia. La medre estaba sentada, las lagrimas caían de su rostro sin expresión. Sus hermanos estaban sentados consolando a la madre en silencio. Parecían un cuadro de Goya. Cerrando el circulo estaban mis compañeros, todos llorando, mirándose con culpa, se sabían parte de la ejecución. Todos éramos culpables de esa muerte prematura. El padre brillaba por su ausencia. Sebastián se me acerco, me pidió un cigarrillo y me señalo la situación.
- Cuando vivía lo torturábamos y ahora que esta muerto lo lloramos-
No puede decir nada, no había nada que decir. Le pedí a Sebastián que saliéramos al patio para respirar, los llantos exagerados de mis compañeros me estaban taladrando la cabeza. Seguía cayendo gente del colegio, todos estaban desconcertados, nadie entendía nada y todos culpaban a mi curso por ese cajón. Cerca de la salida, la Directora se nos acerca y nos pidió, dado que Seba y yo escribíamos, que hiciéramos un poema o algo por el estilo para despedir a Hellrmers en su entierro. Asi que nos fuimos a mi casa a escribir.
Volvimos a la media hora con una especie de poema y la situación se había salido de control. El padre había ido al sepelio y había sido echado por la madre, los hermanos estaban llorando abrazados en el patio, los demás familiares miraban a toda persona de uniforme estudiantil con ganas asesinas. Mis compañeras estaban desatadas en llanto, todas alrededor del cajón, abrazándolo. Mis compañeros parecían hacer competencia para ver quien era el que más sufría. Seba me dijo que esto era demasiado ridículo y se fue al estacionamiento a fumar su enésimo cigarrillo. Yo me acerque a mi directora y le dije que habíamos escrito lo que nos pidió, lo leyó, lagrimeo, me puso una mano en el hombro, me miro y se fue hacia donde los profesores se reunían. Todos ellos tenían cara de derrota, habían perdido a uno de sus proyectos y de la peor manera.
Me acerque a mis compañeros, creo que era el único que no estaba llorando (no me es fácil) y desentonaba en medio de ese mas salado ocular que lo estaba inundando todo. La verdad es que todo me parecía demasiado irreal, demasiado grotesco como para darle autenticidad. Recuerdo haber pensado que debería sentirme culpable pero la verdad era que no sentía más que una terrible lastima por Hellmers, no lograba pasar de ese nivel.
-Destapen el cajón!!-
Grito alguien y todas las voces se sumaron, así como los cuerpos de varias personas. Se aglutinaron sobre el cajón y comenzaron a forcejear. Me aparte hacia un costado mientras veía como una pequeña marea humana trataba de sacar la tapa de madera. El cajón parecía a punto de caerse, cuando alguien pudo abrirlo. Fue una explosión, todos los que segundos antes se aglutinaban crece de ese pequeño fragmento de madera se alejaron con gesto de asco, asombro y creo haber escuchado algunos gritos de horror. Todas las caras estaban pálidas, quebradas en un rictus.
Hellmers se había volado la cabeza con una escopeta de doble caño la noche anterior en el living de su casa. Su cabeza se desparramo por toda la habitación y solo había quedado adherido a su cuerpo la quijada. Su cuerpo había sido lavado, cuidado, mimado como nunca nadie lo había hecho en vida, perfumado y enfundado en un traje oscuro barato. En vez de cabeza tenia un enrejado, simulando ser la cara, cubierto por una pequeña tela negra. Al abrir el cajón la tela se movió apenas pero gracias a ese minúsculo movimiento se pudo ver parte de su quijada quemada por la pólvora. Por eso la reacción de todos. La madre se acerco a al cajón y entro en una crisis nerviosa, un tío comenzó a dar empujones y a sacar a la gente de ahí, logro pasar por entre todos y tapo el cajón. Luego nos miro a todos y nos pidió que saliéramos, que dejemos a la familia sola con Hellmers. Salimos, ya no podíamos hacer nada mas por denigrarlo más, pensé.
Pasaron las horas y llego el momento de trasportar el cuerpo al cementerio. Yo pase por mi casa a buscar el auto de mi madre y con Sebas nos pusimos en la columna fúnebre. Otros compañeros se nos sumaron en sus coches (recuerden que éramos todos nenes de papa o mama), el cementerio quedaba lejos de la capital así que algunos corrieron picadas para combatir el aburrimiento. Todo sigue siendo ridículo, me dijo Sebas, quien saco de su bolso una petaca de caña de azúcar. Fuimos todo el cortejo escuchando Nirvana, fumando, dándole sorbos a la petaca y en silencio.
El entierro fue en forma de procesión, cajón adelante, familia detrás y todo el colegio siguiendo a ese punto desperdigados por el cementerio, mirando las tumbas, buscando conocidos, fechas, etc. Me hubiera gustado tener una cámara de fotos en ese momento para poder capturar ese momento, aun la sensación de irrealidad seguía adherida a mi piel. Pero al llegar al agujero en la tierra en donde el cajón cesaría sus pasos bajo tierra, lo inevitable, la crueldad, la violencia y la desgracia me golpeo de lleno, mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas que no sabían que estaban ahí. El cajón fue depositado en la tierra, y la familia empezó a entonar un canto religioso que no recuerdo cual era, uno a uno fue pasando la familia para despedirse de su vástago, arrojando una margarita. Llego el turno a la directora que improviso un discurso y me dio la palabra a mi para que leyera el poema que habíamos escrito. Comencé pero a las dos líneas no pude seguir, mi garganta se cerró, mis ojos se nublaron y no podía dejar de mirar el cajón cubierto de margaritas. Mire a la madre y le pedí perdón, le di el papel a la persona que estaba a mi lado y me fui. Seba me siguió y salimos del cementerio hacia la costa del rió Paraguay a ver algo que no nos pareciera tan ridículo.
Epilogo:
Semana siguiente volvimos todos a rendir un examen, nadie hablaba, aun la culpa que ese banco vació nos recordaba pesaba mucho. Nos repartieron las hojas del examen y comenzamos a completar las preguntas en silencio hasta que Gustavo, uno de los seudo simpáticos del curso dijo:
-Que lastima que no este Hellmers Asi nos podemos copiar de su examen-
Nadie dijo nada pero el silencio fue condenatorio. Cuando terminamos el examen salimos al recreo y lo corrimos hasta el patio de deportes donde una lluvia de golpes e insultos estallo en su cuerpo, las mujeres lo arañaban, y le arrancaron la camisa, mientras los demás lo pateaban.
Ese fue el verdadero duelo por Hellmers.
Cuando viven los torturamos y cuando mueren los lloramos.
Mi colegio era de esos en los que solo entraban los jóvenes que habían sido expulsados de otros colegios, sin la menor posibilidad de entrar a otra institución de parecido nivel educativo. Por lo que la mayoría eran jóvenes de familias adineradas, las que solo esperaban, casi con desesperación, que sus vástagos pudieran controlar sus desenfrenadas hormonas y terminar la secundaria.
Cuando yo entre en el Colegio de San Agustín, a mitad de año, por problemas en mis papeles y por que no pude rendir el 2° año en mi colegio anterior (debía entrar con policía, cosa que mis padres se negaron), debí volver a 2°, lo cual fue un poco traumático por el hecho de que iba a ser nuevo. Pero ya acostumbrado a estas presentaciones en sociedad (tres colegios primarios y ya iba por tercer secundario), me senté en el fondo del aula para poder identificar como eran las reglas y estratos sociales.
El líder indiscutido del curso era Sebastián, pero no era el típico bruto o carilindo que gobernaba por medio de la fuerza, sino que era una persona simpática, agradable pero con un costado de locura que lo hacia de temer. Era buen estudiante (cosa que era una descripción para casi todos los del curso), era el que hacia mas tiempo estaba en el colegio, era amigo de todas las chicas, era el cómico del curso. No era atractivo para con las mujeres (esto seria una de las causas que lo llevarían a la muerte, años mas tarde). Tuvimos buena onda desde el comienzo. El dibujaba bastante bien y escribía poesía, cosa que yo también hacia y se ve que vio en mi a un igual, alguien con quien intercambiar ideas, pareceres. Una vez, al final del secundario, me dijo que yo era el único que entendía las cosas que le pasaban y que conmigo podía hablar cosas que con los demás no. Recuerdo que eso me lleno de orgullo y aun le estoy agradeciendo su confianza.
Los secuaces directos de Sebastián eran tres.
El primero, por amistad y cercanía era Eduardo. Este era muy buen estudiante también, algo chato en sus aspiraciones. Venia de una familia numerosa de hermanos mayores, todos varones. Yo era amigo de uno de sus hermanos, para ser exacto del hermano raro. Esto me daba cierto status frente a Eduardo. El era el amigo más directo de Sebastián y de Analia que era la que comandaba a las huestes femeninas. Sabía muy bien su papel y lo ejercía a conciencia. Siempre creí que Eduardo era muy buena persona pero que las presiones de ser un macho como dictan los valores paraguayos harían mella en el. Era deportista y no usaba la fuerza bruta a menos que sea necesario pero cuando lo hacia era imparable, por lo menos para el resto de los compañeros.
Después venia Adrián. Este era un caso aparte. Era una mole de metro noventa, con físico de pera, bruto a mas no poder, mal alumno, era como un bebe caprichoso de 17 años con cuerpo de troglodita de 22. Era la fuerza bruta por excelencia, este era el músculo, era el que hacia todo lo que los demás no se atrevían. Era el primero en salir de caza a golpear inocentes, en traer explosivos al colegio y demás detalles de la vida educativa. Pero hay que rescatar algo, siempre fue leal con sus amigos y en el fondo, cuando uno se tomaba el tiempo, era muy buena persona. Siempre nos caímos bien, el no tenia mucha onda con las mujeres, por no decir nula y siempre venia a pedirme consejos y demás estrategias para levantarse a alguna desprevenida. Yo no tenia ninguna formula pero no importaba. Era el tema de conversación que nos unía.
El último de los secuaces era Gonzalo. Este era el bufón del grupo, era el que se ocupaba de usar la fuerza de Adrián para molestar a los que no podía pegarles, la influencia de Sebastián para que no lo maten y su lengua para lastimar a quien se pase por su camino. Este fue el elegido para la golpiza de mi primer recreo. Esta era una táctica que usaba desde mi primer cambio de colegio, golpear primero y ver que pasaba después. Además sabía que yo era una victima ideal. Extranjero, pelo largo, arito en la nariz y varios etc. Recuerdo que se acerco y cuando iba a abrir la boca, lo agarre de los brazos y con una toma de judo lo tire al piso y lo inmovilice. Luego de explicarle que yo no iba a ser una de sus victimas y que la próxima iba a ser peor, lo solté. Todos me miraron y desde ahí quedo claro que yo no seria parte de ellos pero que no podían molestarme a menos que quisieran llevar las cosas hasta otro nivel. Esto también sirve, en la lejanía, para ver el nivel de salvajismo que impera en las escuelas, un canibalismo social en la que los más atrevidos gana y los demás se acomodan.
Desde ese día la relación fue mejorando y quede como parte de los que dominaban el curso y el colegio ya que los años superiores no se metían para nada con nosotros.
Este tipo de estratificación dentro de los centros educativos es clara y casi común a todos los establecimientos. Están los que dominan, los dominados y los ignorados. Mi curso era raro, la mayoría éramos buenos alumnos, teníamos buena onda con la mayoría de los profesores, más allá de los típicos roces. Los años fueron pasando y cada uno comenzó a convertirse en semi adultos. Yo comencé a trabajar en los bares under de Asunción, a consumir drogas a lo pavote, cada vez mi vida me separaba mas y mas de mis compañeros mas allá de la buena relación. En el colegio tenia la peor fama, era drogadicto, vendía drogas, iba armado al colegio, y demás chismes que me iban forjando una reputación dentro de la institución bastante divertida. Además, mis compañeros parecían existir en un a burbuja irrompible donde nada los tocaba o afectaba. Hasta el último año del secundario.
Ese año fue el año de Hellmers. Este compañero era la versión humana de cualquier caricatura de un nerd que ustedes pueden llegar a imaginarse. Inteligente pero sin ninguna aptitud social, flaco, con cara de nene, el mejor alumno, las mujeres lo trataban de esclavo, los varones le pegaban cuando estaban aburridos, pocos amigos y una familia numerosa donde el era el hermano mayor tonto. A todo esto sumarle un padre golpeador que siempre le remarcaba que estaba desilusionado de el. Mientras estaba haciendo el último año de secundario también se preparaba para entrar en la facultad de Medicina, ceo que era el único de todos nosotros que ya sabia que quería ser. Hellmers había comenzado a desarrollar ciertas conductas raras en el, comenzó a molestarse que la gente se copiara de el, a no hablar con nadie, pero la verdad es q nadie le importaba mucho. Un día se le dio por pegarle a un chico de primaria, sin la menor razón. Recuerdo que tuvimos que pararlo y que se justificaba diciendo que nosotros le pagábamos igual a el, sin la menor razón. La diferencia abismal de edad entre el y el chico no parecía parecerle un atenuante. Otra vez nos mintió en los temas a estudiar en un examen y todo el curso se aplazo menos el. Eran sus pequeñas venganzas que eran castigadas con violencia por mis compañeros. Yo veía la situación con pena, veía como se estaba desmoronando pero la verdad, no era que me importara realmente.
A casi a fin del ciclo lectivo, no recuerdo bien por que pero seguro que fue totalmente injusto, encerramos a Hellmers en uno de los baños del Colegio y estuvo metido ahí por 4 horas. Cuando salio no hablaba, tomo sus cosas y se fue a su casa. A mi me suspendieron por lo que restaba del año (venia acumulando puntos) y esa vez fue la ultima vez que lo vi con vida.
Yo solo tenía que ir al Colegio a rendir un par de materias que había promocionado pero que debía rendir por problemas de conducta, por lo que recién a fin de año me preocupe por el colegio. Solo veía de vez en cuando a Sebastián que pasaba por casa a charlar o tomar algo. Pero todo parecía estar tranquilo. Mis compañeros se habían ido de viaje de egresados y mas allá de un par de parejitas que se formaron luego de años de histerias no había nada nuevo.
El primer día de exámenes, me despertó una llamada de mi novia de entonces, Fio, quien, mostrando su tacto que la caracterizaba, me dice que un compañero mío se había suicidado. Que no sabia quien era y que lo velaban en una sala cerca de mi casa. Que todo el colegio estaba yendo al velatorio, que tenia que ir para alla, que ella no iba pero que después la llamara. Me cambie y fui caminando. Mientras fumaba trate de imaginar quien habría sido y recuerdo haber pensado que era muy irónico que no haya sido yo, ya que todos ponían fichas a mi desequilibrio. Al llegar al velatorio me di cuenta al segundo de quien había sido. Hellmers había trabajado en esa sala de velatorios los últimos seis meses de su vida (era de un tío), además estaba lleno de gente de mi colegio y solo el tenia hermanos en casi todos los cursos, además de que una de las fuerzas mas aglutinantes es la culpas y todos estaban trastornados por el dolor. Entre al velatorio y la imagen me pareció hasta cómica, era una película de Fellini versión guarani.
El cajón reposaba cerrado en una de las salas. En uno de sus costados estaba la familia. La medre estaba sentada, las lagrimas caían de su rostro sin expresión. Sus hermanos estaban sentados consolando a la madre en silencio. Parecían un cuadro de Goya. Cerrando el circulo estaban mis compañeros, todos llorando, mirándose con culpa, se sabían parte de la ejecución. Todos éramos culpables de esa muerte prematura. El padre brillaba por su ausencia. Sebastián se me acerco, me pidió un cigarrillo y me señalo la situación.
- Cuando vivía lo torturábamos y ahora que esta muerto lo lloramos-
No puede decir nada, no había nada que decir. Le pedí a Sebastián que saliéramos al patio para respirar, los llantos exagerados de mis compañeros me estaban taladrando la cabeza. Seguía cayendo gente del colegio, todos estaban desconcertados, nadie entendía nada y todos culpaban a mi curso por ese cajón. Cerca de la salida, la Directora se nos acerca y nos pidió, dado que Seba y yo escribíamos, que hiciéramos un poema o algo por el estilo para despedir a Hellrmers en su entierro. Asi que nos fuimos a mi casa a escribir.
Volvimos a la media hora con una especie de poema y la situación se había salido de control. El padre había ido al sepelio y había sido echado por la madre, los hermanos estaban llorando abrazados en el patio, los demás familiares miraban a toda persona de uniforme estudiantil con ganas asesinas. Mis compañeras estaban desatadas en llanto, todas alrededor del cajón, abrazándolo. Mis compañeros parecían hacer competencia para ver quien era el que más sufría. Seba me dijo que esto era demasiado ridículo y se fue al estacionamiento a fumar su enésimo cigarrillo. Yo me acerque a mi directora y le dije que habíamos escrito lo que nos pidió, lo leyó, lagrimeo, me puso una mano en el hombro, me miro y se fue hacia donde los profesores se reunían. Todos ellos tenían cara de derrota, habían perdido a uno de sus proyectos y de la peor manera.
Me acerque a mis compañeros, creo que era el único que no estaba llorando (no me es fácil) y desentonaba en medio de ese mas salado ocular que lo estaba inundando todo. La verdad es que todo me parecía demasiado irreal, demasiado grotesco como para darle autenticidad. Recuerdo haber pensado que debería sentirme culpable pero la verdad era que no sentía más que una terrible lastima por Hellmers, no lograba pasar de ese nivel.
-Destapen el cajón!!-
Grito alguien y todas las voces se sumaron, así como los cuerpos de varias personas. Se aglutinaron sobre el cajón y comenzaron a forcejear. Me aparte hacia un costado mientras veía como una pequeña marea humana trataba de sacar la tapa de madera. El cajón parecía a punto de caerse, cuando alguien pudo abrirlo. Fue una explosión, todos los que segundos antes se aglutinaban crece de ese pequeño fragmento de madera se alejaron con gesto de asco, asombro y creo haber escuchado algunos gritos de horror. Todas las caras estaban pálidas, quebradas en un rictus.
Hellmers se había volado la cabeza con una escopeta de doble caño la noche anterior en el living de su casa. Su cabeza se desparramo por toda la habitación y solo había quedado adherido a su cuerpo la quijada. Su cuerpo había sido lavado, cuidado, mimado como nunca nadie lo había hecho en vida, perfumado y enfundado en un traje oscuro barato. En vez de cabeza tenia un enrejado, simulando ser la cara, cubierto por una pequeña tela negra. Al abrir el cajón la tela se movió apenas pero gracias a ese minúsculo movimiento se pudo ver parte de su quijada quemada por la pólvora. Por eso la reacción de todos. La madre se acerco a al cajón y entro en una crisis nerviosa, un tío comenzó a dar empujones y a sacar a la gente de ahí, logro pasar por entre todos y tapo el cajón. Luego nos miro a todos y nos pidió que saliéramos, que dejemos a la familia sola con Hellmers. Salimos, ya no podíamos hacer nada mas por denigrarlo más, pensé.
Pasaron las horas y llego el momento de trasportar el cuerpo al cementerio. Yo pase por mi casa a buscar el auto de mi madre y con Sebas nos pusimos en la columna fúnebre. Otros compañeros se nos sumaron en sus coches (recuerden que éramos todos nenes de papa o mama), el cementerio quedaba lejos de la capital así que algunos corrieron picadas para combatir el aburrimiento. Todo sigue siendo ridículo, me dijo Sebas, quien saco de su bolso una petaca de caña de azúcar. Fuimos todo el cortejo escuchando Nirvana, fumando, dándole sorbos a la petaca y en silencio.
El entierro fue en forma de procesión, cajón adelante, familia detrás y todo el colegio siguiendo a ese punto desperdigados por el cementerio, mirando las tumbas, buscando conocidos, fechas, etc. Me hubiera gustado tener una cámara de fotos en ese momento para poder capturar ese momento, aun la sensación de irrealidad seguía adherida a mi piel. Pero al llegar al agujero en la tierra en donde el cajón cesaría sus pasos bajo tierra, lo inevitable, la crueldad, la violencia y la desgracia me golpeo de lleno, mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas que no sabían que estaban ahí. El cajón fue depositado en la tierra, y la familia empezó a entonar un canto religioso que no recuerdo cual era, uno a uno fue pasando la familia para despedirse de su vástago, arrojando una margarita. Llego el turno a la directora que improviso un discurso y me dio la palabra a mi para que leyera el poema que habíamos escrito. Comencé pero a las dos líneas no pude seguir, mi garganta se cerró, mis ojos se nublaron y no podía dejar de mirar el cajón cubierto de margaritas. Mire a la madre y le pedí perdón, le di el papel a la persona que estaba a mi lado y me fui. Seba me siguió y salimos del cementerio hacia la costa del rió Paraguay a ver algo que no nos pareciera tan ridículo.
Epilogo:
Semana siguiente volvimos todos a rendir un examen, nadie hablaba, aun la culpa que ese banco vació nos recordaba pesaba mucho. Nos repartieron las hojas del examen y comenzamos a completar las preguntas en silencio hasta que Gustavo, uno de los seudo simpáticos del curso dijo:
-Que lastima que no este Hellmers Asi nos podemos copiar de su examen-
Nadie dijo nada pero el silencio fue condenatorio. Cuando terminamos el examen salimos al recreo y lo corrimos hasta el patio de deportes donde una lluvia de golpes e insultos estallo en su cuerpo, las mujeres lo arañaban, y le arrancaron la camisa, mientras los demás lo pateaban.
Ese fue el verdadero duelo por Hellmers.
Cuando viven los torturamos y cuando mueren los lloramos.
7.9.04
Los Numeros suelen representar ciertas anomalias en orden.
Numeros
1 tecnoinfluencia
2 olvidos y 3 supocisiones
y en el altar siguen esperando
4 lunas en tu pecho
5 corazones y 6 posibilidades
danzan en el desfile de la negacion
7 pecados inmortales
8 perdones y 9 heridas,
son mi mochila en el camino.
10, unidad y vacio,
sumados para dar forma
a mi cuerpo.
Numeros
1 tecnoinfluencia
2 olvidos y 3 supocisiones
y en el altar siguen esperando
4 lunas en tu pecho
5 corazones y 6 posibilidades
danzan en el desfile de la negacion
7 pecados inmortales
8 perdones y 9 heridas,
son mi mochila en el camino.
10, unidad y vacio,
sumados para dar forma
a mi cuerpo.
1.9.04
No entiendo lo que sucede o mejor dicho lo entiendo demasiado como para asquearme una vez más. La idiotez humanan da una idea de lo infinito, dijo un petiso con complejo de inferioridad que se corono emperador de la mitad de Europa, y creo que no hay frase mas cierta, mas dolorosa y mas preocupante. Frente a las posibilidades de crecer más allá de los planetas, más allá de las fronteras, más allá del hoy, la humanidad se dirige a su final con sonrisas fanáticas en los rostros y guirnaldas de rosas fúnebres en sus manos.
Hoy solo quiere decir que soy parte de la Humanidad y me da pena. Soy parte de la Humanidad y quiero gritar nuestra estupidez, nuestra falta de sueños, nuestra absoluta negación a la multiplicidad de realidades. Hoy soy mas Humano que nunca por que se mi incapacidad de cambiar este maldito planeta que va hacia su destrucción.
Hoy solo quiere decir que soy parte de la Humanidad y me da pena. Soy parte de la Humanidad y quiero gritar nuestra estupidez, nuestra falta de sueños, nuestra absoluta negación a la multiplicidad de realidades. Hoy soy mas Humano que nunca por que se mi incapacidad de cambiar este maldito planeta que va hacia su destrucción.
18.8.04
Violencia / Genero
Realmente no era importante quienes éramos ni de donde veníamos. Todos teniamos la sensación que no eramos nadie fuera de ese circulo. Cada uno fue llegando desde su pasado. Todos sentimos esa fuerza que nos fue llevando al circulo. Cada uno tuvo su señal, la mía fue la muerte de Fiona hace tres años. Su muerte fue como un despertar, un grito en la noche, un martillazo en la nuca. De pronto me encontre sin su presencia, su cuerpo frio, ajeno, consumido bajo tierra y yo solo en nuestro pequeño departamento que ahora parecia enorme. Recuerdo poco de los meses posteriores a su muerte, solo tengo falsees, recuerdos borrosos. Perdi todo interes en el mundo exterior, decidi desaparecer o mejor dicho solo lo hice. Mi familia intento todo por retenerme pero uno a uno fueron entendiendo que mi silencio no era provocado solo por el dolor si no por algo que ellos no entendían y yo tampoco. Perdi mi trabajo de fotografo en la revista. En esas oficinas habia conocido a Fiona y ahora no podia entrar en ellas. Por meses me enterré vivo en ese departamento. Hasta que un día decidi salir a comprar cigarrillos y ya no volvi. Comenze a caminar y ya no volvi atrás. Llegué a Retiro y tome un Micro al Sur.
Diapasón / Olvido en liquido
Gusanos llenos de pus en tu sexo
Manifestación a favor de la castración
Un perla que no encuentra su redondez
Mientras un niño me llama padre.
Jeringas por un instantes
Narices flageladas / Una tonada de incertidumbre
Gritos de auxilio en la tormenta de sal
Mi puño se cierra en tu cuello
Busco tu instante, una suposición de inmortalidad
Saboreo tu boca, aun se puede sentir el sabor a otoño
Una poesía para encerrarme / Un canto para Ocultarme
Cierta repulsión al reino animal / Guiños a la Sombra.
Sales de brillos nocturnos / Auras de colores secundarios
Vidas secundarias / Instancias secundarias
La herejía de ser nada / La mediocridad como resultado inverso
Por una segura muerte, brindo esta noche por el superhombre.
Realmente no era importante quienes éramos ni de donde veníamos. Todos teniamos la sensación que no eramos nadie fuera de ese circulo. Cada uno fue llegando desde su pasado. Todos sentimos esa fuerza que nos fue llevando al circulo. Cada uno tuvo su señal, la mía fue la muerte de Fiona hace tres años. Su muerte fue como un despertar, un grito en la noche, un martillazo en la nuca. De pronto me encontre sin su presencia, su cuerpo frio, ajeno, consumido bajo tierra y yo solo en nuestro pequeño departamento que ahora parecia enorme. Recuerdo poco de los meses posteriores a su muerte, solo tengo falsees, recuerdos borrosos. Perdi todo interes en el mundo exterior, decidi desaparecer o mejor dicho solo lo hice. Mi familia intento todo por retenerme pero uno a uno fueron entendiendo que mi silencio no era provocado solo por el dolor si no por algo que ellos no entendían y yo tampoco. Perdi mi trabajo de fotografo en la revista. En esas oficinas habia conocido a Fiona y ahora no podia entrar en ellas. Por meses me enterré vivo en ese departamento. Hasta que un día decidi salir a comprar cigarrillos y ya no volvi. Comenze a caminar y ya no volvi atrás. Llegué a Retiro y tome un Micro al Sur.
Diapasón / Olvido en liquido
Gusanos llenos de pus en tu sexo
Manifestación a favor de la castración
Un perla que no encuentra su redondez
Mientras un niño me llama padre.
Jeringas por un instantes
Narices flageladas / Una tonada de incertidumbre
Gritos de auxilio en la tormenta de sal
Mi puño se cierra en tu cuello
Busco tu instante, una suposición de inmortalidad
Saboreo tu boca, aun se puede sentir el sabor a otoño
Una poesía para encerrarme / Un canto para Ocultarme
Cierta repulsión al reino animal / Guiños a la Sombra.
Sales de brillos nocturnos / Auras de colores secundarios
Vidas secundarias / Instancias secundarias
La herejía de ser nada / La mediocridad como resultado inverso
Por una segura muerte, brindo esta noche por el superhombre.
4.8.04
Es una versión delicada, los escritos tratan de dar un mundo alterno, erotismo y un toque de surrealismo
Es la representación de un periodo mas maduro, si se quiere ver, esta ambientada desde el futuro, desde mis influencias de la ciencia ficción y del erotismo.
Ire entregando una pagina por dia.